miércoles, 16 de marzo de 2011


 
El Observatorio De comunicación, Genero y Diversidad, participó del acto de bienvenida a Mariana Gómez, primer trans de Argetina en trabajar en un departamento judicial. El acto se realizó en el juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario Nº 4 de la ciudad de Buenos Aires, a cargo de Elena Liberatori.

jueves, 3 de marzo de 2011

SEXO  DIGNIDAD  Y MUERTE
Sandra Cabrera, el crimen impune


Sinopsis
Quien mató a Sandra Cabrera?
Mujer, trabajadora sexual y dirigente gremial.
¿Tres razones para un crimen?
El documental transita la historia de vida de Sandra Cabrera,
asesinada en la ciudad de Rosario  en el año 2004.  
Por esa lucha fue marcada por los poderosos que se mueven
entre los pliegues de la política, la justicia y la represión policial; sin escapar a las humanas contradicciones, en un contexto de prejuicios, discriminación y violencia social, escenario donde todos somos actores.  Seis años después, el crimen sigue impune y desde la fecha nada ha cambiado en relación a las denuncias realizadas, los locales nocturnos y la complicidad con el poder.
 Testimonios
Víctor De Genaro-Elena Reynaga-Nora Cortiñas
Carlos Del Frade-Dr. Carlos Varela- Dr. Ismael Manfrín
Dr. Carlos Carbone- Dip. Mónica Peralta y Eduardo Di Pollina
Compañeras de Sandra

Guión y Dirección LUCRECIA MASTRANGELO
Producción NANCI TORRES /Asistente de Dirección PABLO MALETTO/
Equipo de Fotografía ALEJANDRO PEREYRA-HUGO GROSSO-PABLO GRASSI-FERNANDO ZAGO/ Edición ALBERTO PONCE/ Diseño de Arte OSCAR VEGA/ Música original CLAUDIO ZEMP/ Foto Fija ANDREA BABSIA/ Asistente de Edición VANINA CANTO/ Sonido directo MARTIN LLARIN/ Posproducción de Sonido SANTIAGO ZECCA/ Corrección de color SANTIAGO KING-LUCAS PEREZ/ Grafica CECILIA PUNTARELLO/ Elenco ALEJANDRA CODINA-GUSTAVO GUIRADO-HAYDE CALZONE-GABRIELA PARODI-LUCÍA MARTINEZ ALARCON-MARIO VIDOLETTI- QUICO SAGGINI  y la participación especial de ANA MARÍA GIUNTA

Con el apoyo de CTA - AMMAR - RED TRASEX y Prog. Estímulo Gobierno de la Provincia de Santa Fe
Santa Fe – Argentina- 2010

8 de marzo Dia Internacional de la Mujer



Homenaje a Julieta Lanteri:
a 100 años de su voto
 
Miércoles 9 de marzo de 2011
(Aula: 108 FaHCE)
 
 
14: 00 hs. Coordinadora: María Spadaro
 
                 Dra. María Luisa Femenías (Directora CINIG)                  Palabras de apertura
 
14:15        Mg. Graciela Bosch
                 “Estar donde no se puede, hacer lo que no se debe”
 
14:45         Dra. Adriana Valobra
                  “Julieta Lanteri y la ampliación de los sujetos y de los    derechos de ciudadanía”
 
 
15:15         Películas sobre Julieta Lanteri y sobre las primeras feministas  
                   Documental “Bio.ar: Julieta Lanteri” (Canal Encuentro)
                   Película “Nuestra causa”
                       
 
 
Panel fotográfico alusivo
 
Expositoras:
 
Laura Villasol
 
Magali Bátiz
 
Agustina Amar
 
 
 
ESPACIO PARA LA PARTICIPACIÓN DEL PÚBLICO EN DIÁLOGO CON
 
PANELISTAS Y EXPOSITORAS
 
 
 
 
Colaboraron en la organización: Eugenia Bordagaray, Luciana Guerra, Adriana Valobra
CINIG FaHCE UNLP
AGRADECEMOS LA DIFUSIÓN DE ESTA ACTIVIDAD



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"Para la mujer no hay otra salida que luchar por su liberación"
Simone de Beauvoir, El segundo sexo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

“Guía para comunicadoras y comunicadores",



En esta guía se explican los objetivos de las propuestas de ley y los significados de términos y expresiones vinculados a la comunidad Trans.

El uso correcto del lenguaje durante el debate por la Ley de Identidad de Género que comenzarà este mes, en especial en los medios de comunicación, será fundamental para evitar expresiones discriminatorias y para un buen entendimiento del tema. teniendo en cuanta que los medios de comunicación son formadores de opinión y de subjetividad.

La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT) y la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA) presentó este proyecto y el de Ley de Atención Integral de la Salud para Personas Trans, que serán debatidos este mes en el parlamento argentino.
Ante la amplia cobertura que esperamos tenga el debate,  esta publicación  "Guía para comunicadoras y comunicadores" explica los objetivos de las propuestas y los significados de términos y expresiones vinculados al sector, para evitar situaciones discriminatorias, sea por ignorancia o mala intención.

Las/ los invitamos a descargar la Guia en su versión PDF desde el siguiente link.
http://www.agmagazine.info/downloads/falgbt_guia_para_comunicadores_sobre_identidad_de_genero.pdf
El Observatorio de Comunicación, Género y Diversidades de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de UNLP, participó una vez más de la apertura del programa radial “De Igual a Igual”, emitido los lunes a las  22:00  por radio Universidad de La Plata en su frecuencia AM.  Claudia Vasquez Haro, directora del Observatorio cuenta con una columna semanal donde desarrolla las problemáticas trabajadas.
Dicho programa es una realización conjunta con la asociación Civil Miguel Bru y la secretaría de Derechos Humanos de la FPyCS.  Destinado a fortalecer la divulgación y promoción de Derechos Humanos, educación y divulgación de políticas públicas y derechos Civiles, Sociales, Económicos y Culturales.
Las/ los invitamos a escuchar el programa vía internet por :
o en su dial Am 1390

¿El final de una norma represiva?

 

Por Claudia Vasquez Haro


      En los últimos años se han producido cambios importantes en materia de Derechos Humanos,  como la ley del matrimonio igualitario por ejemplo,  impulsada por  los movimientos de la diversidad quienes  bregan por la  igualdad de derechos,  para  ser considerados/as  ciudadanos/as de primera.  El camino es largo y  aún faltan  otros derechos por conseguir. Particularmente me quiero referir a la existencia de  una comunidad a la que  se le podría denominar “las/os olvidados/as de la democracia”, para quienes el Estado aún no les otorga un derecho básico y fundamental como es el derecho a la identidad de género.
En este contexto el Estado tiene una contradicción en sí misma, porque quien  nos debería  proteger y otorgarnuestros derechos es quien nos violenta  y vulnera por la  existencia y  aplicación de  sus normas autoritarias  y represivas.
     En la actualidad existen dos mecanismos que reprimen e intentan disciplinar a los cuerpos Trans, por un lado la existencia de los códigos de faltas o también conocidos como contravencionales, que criminalizan  a estas personas, llevándolas  detenidas por  varios días por usar ropa de su sexo contrario, y por el otro, la resolución Nº 663/92, de la Dirección Nacional del Registro Nacional de las Personas, que en el artículo 2 establece que, en ningún caso, “las fotografías deberán dar lugar a interpretaciones erróneas del sexo”. Ambas normas represivas datan de la última dictadura militar y son propias de las sociedades disciplinarias, el francés Michel Foucault en su libro Genealogía del racismo desarrolla dos dispositivos de poder de los estados modernos: El anátomo poder que tiene que ver estrictamente con el cuerpo del individuo que tiene  que ser disciplinado. Y el  Bio poder o la creación de las disciplinas como micro políticas tales como la medicina, por ejemplo con un discurso hegemónico que sirve para el control de la vigilancia y el  control de la natalidad. En la actualidad  es la medicina quien patologiza las identidades Trans y en su catálogo de enfermedades mentales que publicarán en 2014 tiene en su lista a la transexualidad. Otro de los  mecanismos de diciplinamiento es el encierro, que el mismo autor desarrolla en su libro Vigilar y castigar, investigación que da cuenta de la finalidad de la creación de cárceles, manicomios, etc. Esa vigilancia a través del panoptismo , es la misma  forma en que se vulnera en la actualidad a la personas trans, cuyos cuerpos  se resisten  a ser disciplinados y atravesados tanto por el anátomo como el Biopoder .
Volviendo al derecho, la identidad tiene que ser entendida como el derecho que tiene  cada persona de ser ella misma, de distinguirse y de ser distinta, sobre la base de sus propios atributos y de sus propias cualidades personales que hacen a esa determinada persona distinta de todas las otras, existiendo una vinculación inescindible entre el derecho a la identidad y lo que el sujeto es en su proyección exterior.
Diferentes estudios de investigación dieron cuenta que la identidad excede ampliamente el mero reconocimiento del nombre, encontrando estrecha vinculación con otros aspectos de la persona que la hacen única e irrepetible. Coincidentemente con ello, señala Carlos Fernández Sessarego: "la identidad personal, de suyo rica y compleja, se constituye por el conjunto de atributos y de características que permiten individualizar a la persona en sociedad". En este caso  la imagen (fotografía del DNI) forma parte de ese conjunto de cualidades que hacen a la propia identidad.
En tal sentido la exigencia de que en la fotografía  para la expedición del Documento Nacional de Identidad  "el peinado no debe dar lugar a interpretaciones erróneas de sexo", requerida por art. 2° de la resolución, 663/92 del Registro Nacional de las Personas, aparece como vulneratoria del derecho a la identidad personal. Es arbitraria y vulnera a la libertad, a la igualdad y a la dignidad consagrada en la Constitución Nacional, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana sobre los Derechos Humanos; tratados estos que gozan de jerarquía constitucional.
Entonces cabe preguntarse  si la resolución del gobierno nacional expedida por el ministroRandazzo, que dispuso cambios en la fotografía del Documento Nacional de Identidad (DNI) para que se respete el derecho a elección de género, religión y costumbres culturales por entender que su rigidez generaba inconvenientes en algunas comunidades,  ¿Es el fin de una  norma represiva que  traerá cambios en su aplicación y promoción hasta la aprobación de una ley que respete y contemple  la identidad de género de todas las personas, por el solo hecho de ser quienes son?

sábado, 30 de octubre de 2010

soy
VIERNES, 29 DE OCTUBRE DE 2010
ENTREVISTA

Déjame que te cuente

Claudia Vázquez Haro nació en Perú, en una familia conservadora, y estuvo pupila en un colegio católico sólo para hombres hasta que la expulsaron. “Migrante y con sexualidad diversa”, como ella se describe para hablar de sus vulnerabilidades, está a punto de terminar la carrera de periodismo en la Universidad de La Plata y sueña con publicar un libro que reúna los textos que se producen en su taller de escritura, donde se trabaja la problemática trans en primera persona..






 Por Juan Tauil

¿Cómo fue tu niñez?

—Nací en Perú, en el norte, en Trujillo, una ciudad con casi la misma cantidad de habitantes que La Plata, en el seno de una familia trabajadora, de pobres con suerte, todos con estudios universitarios. Hice la primaria en un colegio de monjas dominicas, mixto, donde mañana, tarde y noche tenía instaurado el discurso religioso, con ese ascetismo, las buenas costumbres, orden para el estudio. Luego pasé a un colegio sólo para varones, el San Juan, uno de los más prestigiosos del país. Ahí empezaron los problemas con mis compañeros.

¿Vos querías ir a ese colegio?

—Sí, porque era un colegio que te daba prestigio, donde los hombres salían listos para responder a los cánones dominantes: inteligentes, de clase media, burgueses, con instrucción pre-militar y educación religiosa. Yo siempre cuestioné esos discursos; no los reproduje y ahora los uso para fundamentar lo que no soy.

¿Y cómo te las arreglabas para sobrevivir si eras tan revolucionaria?

—Yo era muy delicada, con mucha facilidad para el estudio. En Perú, quien tiene el promedio más alto se convierte en brigadier, como en los cargos militares, algo así como el encargado del orden dentro del aula que anotaba los nombres de los que se portaban mal y eran amonestados, castigados con cosas como flexiones de brazos. Empecé a estudiar para tener más poder desde el conocimiento, para evitar ser castigada y llegué a controlar esas listas de nombres. Pero mi sexualidad pulsaba por salir, ya tomaba hormonas, en las horas de educación física no quería sacarme el equipo de gimnasia por temor a que vieran mis piernas sin vello, mis pechos que empezaban a inflarse, me tenía que fajar, esconderme, mimetizarme para que no me descubrieran.

¿Te enamoraste en esa época?

—Sí, mi primer novio lo tuve en el colegio San Juan. El era muy lindo, tenía un look muy intelectual, era bueno en matemáticas, se llamaba Percy y estudiábamos juntos. Todo fue muy natural, un día fuimos al cine juntos y él puso su mano sobre la mía, yo tenía 15 años. Yo iba a su casa, su madre trabajaba, nos quedábamos solos, la primera vez que me dio un beso pensé que me había quedado embarazada. Fui corriendo a contarle a mi hermana, me acuerdo de que lloraba mucho. “¡Los hombres no quedan embarazados!”, me dijo. Imaginate mi inocencia, sumada a todos los mitos religiosos, tradicionales católicos conservadores.

¿Y el mito del sexo dentro de los colegios de varones solos?

—Yo no era ni moralista ni tradicionalista, era tímida. En el colegio nunca tuve relaciones, sí sé que mis amigos tenían sexo en el baño, imaginate, iban al jardín, al taller mecánico... Había sexo grupal, recuerdo que una vez me dijeron que en el playón estaban varios chicos con uno de otra aula. Los profesores no se quedaban atrás: yo tenía un profesor de Literatura con un doble discurso, siempre me decía que me parecía a Fedra López cuando ni siquiera estaba totalmente feminizada. El ya me veía mujer. Me acosaba, pero nunca accedí.

¿Cómo fue el acoso institucional?

—“Comportate como hombre, hablá como hombre”, eran moneda corriente por parte de los profesores y algunos compañeros, hasta que en tercer año un chico me vio desnuda en el vestuario y empezó a gritar: “¡Vázquez tiene senos!”. Se armó un escándalo, me llevaron al OBE (Orientación y Bienestar del Educando) y llamaron a mi madre, le dijeron que habían elegido el colegio equivocado, que me llevaran a otro porque éste era estrictamente para hombres. Le “aconsejaron” que me sacaran sin decir nada, que si ellos me expulsaban iban a causar un daño mayor porque no iban a recibirme en ningún otro colegio. Nunca me voy a olvidar el nombre de esos profesores que me expulsaron: Núñez y Ríos Viteli. Mi madre era muy joven, no entendía nada de lo que pasaba. De ahí me llevaron a una zona de sierras, a un colegio alejado con 10 alumnos, y para llegar a él tenía que caminar una hora de ida y otra de vuelta, subir a un cerro, cruzar un río por un tronco de árbol.

¿Lo sentiste como un castigo?

—Claro, es más: yo tenía un tío cerca de la escuela, podía quedarme a comer ahí, pero mi padre no me dejó, sentí que mi familia se avergonzaba de mí. Me mentalicé en que tenía que terminar los estudios, como hicieron mis hermanos, todos profesionales, menos uno que es comerciante. En ese momento dejé de hormonizarme, me anulé hasta lograr mi objetivo. Cuando volví a Trujillo, me decidí a entrar en la universidad, empecé dos carreras y no me gustaron, mi padre quería que yo siguiera con sus negocios, deseaba que yo fuera su sucesora. Dejé todo lo que ellos querían que yo estudiara y me dediqué a la peluquería.

¿Qué pasó cuando te fuiste?

—Era muy controlada por mi familia, mi padre era muy autoritario, un orden militar, todo cronometrado. Cuando me fui, me quedé en casa de Omar, mi amigo peluquero, aprendí todo el oficio y me mudé a Cajamarca, una zona donde no había muchos centros de belleza. Justo en ese momento la situación económica de mis padres empezó a decaer y a mí me iba muy bien en el negocio; me llevé a mi mamá conmigo, para que me ayudara. Llegué a tener doce personas trabajando para mí. Después se vino un hermano conmigo, era una especie de “plan recuperación familiar”, todos menos mi padre, que quedó descolocado, hasta que aceptó la realidad y se vino con nosotros. Al mismo tiempo participaba en desfiles, concursos de belleza. En la mayor parte del Perú, salvo Lima, la travesti o la trans no se prostituyen porque su cuerpo carece de valor al momento del intercambio. La operación del catolicismo y del machismo es tan fuerte, que si una trans quiere tener sexo con un hombre, tiene que pagar. El prejuicio desvaloriza esos cuerpos a tal punto que son sólo ornamentos que se deben dedicar a la peluquería, corte y confección, siempre servicios, ni hablar de considerarnos como productoras de conocimiento.

¿Cuándo te viniste a La Plata?

—Me vine a los 26 años, porque una hermana mía ya vivía aquí. Esa decisión la tomé porque no estaba dispuesta a estudiar tanto para prostituirme, para sufrir la violencia policial. Sabía que en la Argentina todo era diferente. Hice cursos de perfeccionamiento en peluquería, hice oratoria, protocolo y ceremonial, relaciones públicas, hasta que conocí a un empresario que producía televisión, armamos dos programas televisivos, yo me encargaba de vender publicidad. Ahí me di cuenta de que me gustaban los medios y decidí inscribirme en la facultad. No lo hice antes por miedo a que me llamaran por el nombre en el que figuro en el documento. Igual eso pasó; cuando me fui a inscribir, la secretaria me dijo: “El trámite es personal, el chico tiene que venir a inscribirse”. “Soy yo el chico”, le dije. La secretaria se disculpó y me anotó.

¿Cómo te recibió la facultad?

—El primer día de clases, mi hermana y mi madre —que se había venido del Perú especialmente— me esperaron en la puerta de la facu. Les dije: “Si vuelvo en 20 minutos, soy una perdedora”. Se cansaron de esperarme, me quedé, lo logré. Tengo que confesar que cada vez que pasaban lista era el terror, una sensación terrible. Después entendí que la gente no tiene la culpa, son las falencias institucionales las que no nos tienen en cuenta. Entré en la carrera de Periodismo y Comunicación Social. La facultad es mi casa, estoy en el lugar indicado, con las personas indicadas. Me manejo por los pasillos, voy, vengo, me siento muy cómoda. Obviamente los chicos que entran a primer año supongo que se shockean al verme, pero después se acostumbran, imaginate, muchos vienen del interior. La gente que conocí en este tiempo ha ido creciendo junto conmigo; por ejemplo, yo trabajé con la actual decana antes de que asumiera el cargo, tuve mucha contención, la necesaria para personas como yo, migrante, con sexualidad diversa, todas en contra. Me acuerdo de que en segundo año tenía problemas con el pasaporte, temía no poder inscribirme y la secretaria académica dijo: “Los problemas del pasaporte se solucionan en Migraciones, aquí se viene a estudiar, el estudio es para todos, inscribite”.

¿Afuera es muy distinto?

—La gente todavía se codea cuando paso cerca. No me causa molestia sino que me da pena que algunos no entiendan. Todavía hay lugares donde no me dejan entrar en La Plata.

¿Por ejemplo?

—Algunos boliches. Cuando mis compañeros me invitan a bailar, no voy; ya me dijeron que no entraba a algunos lugares. Una vez fue patético, porque había ido con la dueña de una peluquería donde yo trabajaba hacía poco. El patovica no me dejó entrar y le dijo a la mujer que yo era una quilombera. Le pregunté por qué dijo eso si no me conocía, dije que ella era mi jefa y podía perder mi trabajo. El portero terminó reconociendo que era porque yo era trans. No veo las horas de que con la nueva ley de medios yo pueda tener un espacio y escrachar a esta gente.

Contame sobre tu taller de escritura...

—El taller “En el papel tod@s somos tinta” surgió luego de muchos trabajos sobre el tema trans que yo venía haciendo desde tercer año. Yo conozco a todas las trans de la zona, no me quedo en lo académico, tengo mucho trabajo en el territorio. El libro La gesta del nombre propio, de Lohana Berkins, me ayudó a entender las problemáticas que nos atraviesan, el estado de vulnerabilidad, la falta de derechos. Entonces decidí darles herramientas a las compañeras para democratizar la palabra, me pareció importante adecuarnos a la nueva ley de servicios audiovisuales, poder escuchar relatos en primera persona. En el primer taller que fue de abril a junio éramos 16 personas, entre ell@s seis trans. El año que viene volveremos a hacerlo, queremos publicar un libro con los trabajos.

¿Vos pensás que abriste alguna puerta?

—Sí. Por ejemplo, Shirley, una de las alumnas del taller, ingresará a la facultad de periodismo el año que viene. En 2008 hice que la facultad respete mi nombre propio y que éste figure en todas las listas. Con este taller la interacción generó el interés de estudiar; otras facultades, como una de Córdoba y Rosario, se interesaron en este tipo de talleres.

¿Pensás que con la operación de reasignación de género y con el nombre en el DNI basta?

—No, menos mal que no me operé.

¿Por qué decís eso?

—Yo digo que ser mujer no se reduce a la genitalidad. En un momento me iba a operar, pero por los demás. Yo no lo sentía.

¿Vos querías ser mujer?

—¿Y qué es ser mujer? Eso me hace ruido. “Soy una mujer que no se reduce a la genitalidad”, es una estrategia que uso para explicarme, aun sabiendo que el concepto mujer está en crisis. Me parece que ser mujer es mucho más que una vagina, la maternidad, ese fundamentalismo marcado por la biología, ya que no todas las mujeres son iguales.